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Matera, ciudad eterna

Matera, ciudad eterna

La ciudad de Matera, perteneciente a la región Basilicata del sur de Italia, es un ejemplo más del inagotable patrimonio artístico cultural del país transalpino. Los Sassi conforman un inigualable conjunto de viviendas trogloditas excavadas en la roca, y junto a las iglesias rupestres de Matera forman parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1993, pero no son el único motivo para visitar esta embriagadora ciudad de aires románticos.

Matera

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Matera vista panorámica

La ciudad esta acotada al norte por un pequeño cañón erosionado a lo largo de cientos de años por la corriente del río Gavina. La facilidad de erosión de la piedra de la zona ha dado lugar en Matera a un casco antiguo sumamente particular, en el que las casas han sido directamente excavadas en la roca caliza.

La mayoría de iglesias se extienden al otro lado del barranco y el río en una sugerente sucesión de veredas y caminos. Cada ruta está marcada con una numeración e incluye en su itinerario la visita a diferentes iglesias. Lo abrupto del terreno, eso sí, exige una mínima forma física y un buen calzado. Si uno no es partidario de un ejercicio físico excesivo, entonces le queda la opción de apuntarse a un tour guiado en furgoneta en cualquiera de los muchos puntos de información que tiene la ciudad.

La mayoría de iglesias rupestres son sencillas, tienen un único altar, y algunas si acaso un fresco. Pero unas pocas tienen tres naves y las paredes cubiertas de imágenes sagradas. Las más antiguas se asientan en cavernas con amplias cámaras subterráneas, que se piensa dieron cobijo a monjes rupestres y cenobitas. Parecen una exaltación a la íntima unión del templo con la tierra. Las comunidades y los ermitaños se fueron agrupando aquí, y continuaron con la excavación de lugares de culto, cisternas para el agua y establos para los rebaños. En toda la ciudad, y a lo largo del barranco, se calcula que hay alrededor de 150 pequeñas iglesias excavadas en la roca. Este conjunto se conoce como el Parque Arqueológico, Histórico y Natural de las Iglesias Rupestres de Matera.


Los Sassi di Matera

Los Sassi de Matera

Los “Sassi di Matera”, que significa las “piedras de Matera”, son casas excavadas en la misma roca de toba, la piedra característica de Basilicata, y conforman un conjunto perfectamente adaptado a la morfología del terreno y el ecosistema de la zona. Pero quizá lo que provoque mayor fascinación en el visitante sea la consciencia de que estas cavernas conformen sitios prehistóricos trogloditas, lo que los convertiría en los asentamientos humanos más antiguos y mejor conservados de la cuenca Mediterránea.

Algunos de los Sassi son más accesibles al turista, ya que apenas está a las afueras de lo que es el centro de la ciudad, pero la gran mayoría se expanden, al igual que las iglesias, del otro lado el barranco, por el que transcurre lo que en otro tiempo fuera un río y hoy día un arroyo. Los Sassi se extienden a distintas alturas, por lo que menudo el techo de una casa puede corresponder con una calle, con una escalera o con un jardín de otra casa del estrato superior. Formaciones rocosas naturales y cuevas creadas por el hombre, son a lo lejos casi imperceptibles, ya que uno distingue cientos de agujeros laberínticamente dispuestos en la distancia. Todo un mundo por explorar se abre a los ojos del viajero curioso.

En los años cincuenta el gobierno italiano decidió desalojar a las 25.000 personas que junto con sus animales domésticos aún habitaban el laberinto de los Sassi. Por aquel entonces la guía inglesa Fodor ironizaba sobre sus habitantes al decir que eran los únicos del mundo que podían presumir de estar viviendo en las mismas casas que sus antepasados desde hace más de 9000 años.

Vista nocturna de MateraHoy día ya no vive nadie en la ciudad vieja de Matera. Desde el otro lado del río se observa la meseta pelada y seca, y uno no puede evitar imaginar la cantidad de historias ancestrales que se han vivido en cada una de las distintas terrazas en las que se estratifican los Sassi. Por la noche sólo las luces de algunos hoteles y pequeños negocios para turistas brillan en sus nostálgicas laderas.

A pesar del tiempo transcurrido los Sassi han sido capaces una vez más de reinventarse a sí mismos, y se han convertido en los últimos años en un importante reclamo turístico para la ciudad. En parte por la ayuda entre otros de la UNESCO, pero también curiosamente de Hollywood, que gracias a su parecido con los antiguos lugares de Jerusalén, le ha valido de escenario para varias películas, como Rey David o la comercial La Pasión de Cristo de Mel Gibson por citar alguna.

Matera en la historia

Exteriores de la película la Pasión de CristoMatera es una ciudad antiquísima, cuya región ha estado habitada desde el Paleolítico. Los primeros asentamientos eran eminentemente agrícolas, hasta que la deforestación de la zona produjo graves problemas de erosión que tuvo como principal consecuencia la falta de suministros de agua. Esta nueva morfología del terreno, mucho más herbácea, llevo a sus habitantes a reconvertirse de agricultores en pastores trashumantes.

Son precisamente sus características geológicas lo que hace de Matera un lugar tan especial, lo que la convierte en centro de numerosos asentamientos que darán lugar a su desarrollo como ciudad. Y es que Matera está ubicada sobre un terreno blando de toba de un espesor de entre 350 y 400 metros. La toba volcánica o tufo volcánico es un tipo de roca ígnea volcánica, ligera, de consistencia porosa, que se forma por la acumulación de cenizas expelidas por los respiraderos durante una erupción volcánica.

La consistencia de esta roca es óptima, especialmente con la aparición de las primeras herramientas durante la Edad del Hierro, para la excavación de cuevas. Durante la Edad del Bronce se abren las primeras cisternas y tumbas, así como las primeras viviendas subterráneas con un patio central exterior. La roca sobrante de estas excavaciones se utiliza a su vez para la construcción de muros y torres.

Centro de la ciudad de Matera

Se cree que la ciudad fue fundada por los romanos en el siglo III a.C. con el nombre de Metheola, en honor al cónsul Lucio Cecilio Metelo. Anteriormente la colonización griega había introducido las primeras estructuras políticas bajo la influencia de la escuela pitagórica.

En el año 664 Matera fue conquistada por los lombardos pasando a formar parte del Ducado de Benevento. Benedictinos y ortodoxos griegos colonizaron durante los siglos VII y VIII las grutas cercanas a la ciudad.

Los siglos IX y X son años de luchas entres sarracenos, bizantinos y emperadores alemanes, que llegaron a destruir la ciudad. Después del establecimiento de los normandos en Apulia, Matera fue regida por Guillermo Brazo de Hierro desde 1043.

La ciudad se convirtió en posesión aragonesa en el siglo XV. Tras un período comunal y una serie de epidemias y terremotos, fue entregada en feudo a la familia Tramontano, contra el que se rebeló la población hasta matar al conde Giovanni Carlo Tramontano. En el siglo XVII Matera pasa a manos de los Orsini, y entra a formar parte de la región de Puglia. Más tarde fue capital de la Basilicata, hasta que en 1806 José Bonaparte otorgó la capital a Potenza.

En 1927 se convirtió en la capital de la provincia del mismo nombre. Durante la II Guerra Mundial los materanos se alzaron contra la ocupación alemana, convirtiéndose así en la primera ciudad italiana que luchó contra la Wehrmacht nazi.

Pero fue a partir de los años 50 cuando Matera comenzó a potenciar el gran atractivo que sin duda hoy atesora su casco urbano. Fueron muchos los arquitectos y urbanistas que volcaron su interés en la ciudad. Así nació el primer plan regulador de la ciudad, impulsado por Luigi Piccinato, o el asentamiento rural La Martella, o el distrito Spine Bianche, una gran obra del Neorrealismo proyectada por Carlo Ayomonino.

Matera, la ciudad romántica

La actual ciudad de Matera aunque más desconocida, es otra de esas ciudades románticas italianas, inolvidable para un fin de semana en pareja. El interior de la ciudad antigua se extiende en una depresión a los pies de la Piazza Vittorio Veneto, corazón de la zona peatonal moderna de la ciudad. Para el viajero que llegue de la terminal de autobuses o la estación de tren este será el punto de ingreso a la ciudad.

Desde el mirador, en lo alto, uno queda fascinado en ese primer inolvidable contacto visual con la ciudad. Parece de otro tiempo con sus casas encaladas, sus arcos y sus edificios con contrafuertes, llena de balcones, iglesias y callejuelas que rebosan optimismo. El eco de las palomas revoloteando sobre los tejados, se apaga tras la hilera de cipreses cuando repican puntuales las campanas del Duomo, en la Piazza del mismo nombre, al otro lado de la depresión. Al atardecer parece un escenario de película.

El mirador de Matera

Las escaleras se precipitan hacia el vacío por sus laberínticas calles dónde cada vecino parece afanarse por tener su casa más y más bella para el turista. Desde abajo parece uno estar en la arena de un anfiteatro romano. La ciudad no es apta para aquellos que no les guste caminar, subir y bajar escaleras.

Las calles empedradas suben en un laberíntico zigzag, abriendo a cada paso diferentes perspectivas de una urbe que ha sido restaurada con mimo desde que en 1993 formara parte del Patrimonio de la Humanidad. Para que la experiencia y la comunión con la ciudad sean completas, el viajero debe buscar descanso en alguno de los Sassi reconvertido en hospedaje, en los que bajo sus grandes columnas y bóvedas talladas en la roca, se puede disfrutar de una temperatura uniforme de 23 grados. Por supuesto el viajero no tendrá problemas para encontrar buenos restaurantes dónde saciarse de tan encomiable esfuerzo físico.

Además de esta laberíntica zona, que parece ocupar un cráter en medio de la ciudad, la visita no puede considerarse completa sin un paseo junto a la zona del barranco. Al sur, el Sasso Caveoso, con distintas recreaciones de casas gruta. Las maravillosas vistas del otro lado del barranco, desde la Piazza de San Pietro Caveoso, y su magnífica iglesia del mismo nombre.

Sasso Caveoso

Muy recomendable continuar el paseo rodeando el perímetro de la ciudad hacia el norte, pasando primero por el monasterio de Santa Lucía, y después por el de San Agustín. Desde los jardines de este último, se abre una última visión espectacular de la ciudad antes de entrar de nuevo en la zona moderna. Parece un lugar ideal para despedirse de Matera al anochecer, cuando sus laberínticas calles se encienden y la sombra del Duomo se alarga imponente dominando otro día más toda la ciudad. Para entonces Matera ya habrá entrado a formar parte de cualquier corazón viajero.

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