Una ciudad destruida no se limita a edificios desfigurados, museos saqueados, habitantes desplazados y una vida cotidiana destrozada. También es una ciudad despojada de parte de su identidad, como lo fue Mosul (Irak) tras la ocupación de Daesh entre 2014 y 2017
Pronto quedó claro que restaurar los edificios, el 80 por ciento de los cuales habían sido destruidos en la ciudad antigua, era la única manera de devolverle la vida a este Al-Mawsil –“punto de enlace” en árabe– y restaurar su estatus como símbolo del diálogo intercultural.
La UNESCO asumió este reto a través de la iniciativa “Revivir el espíritu de Mosul”, un ambicioso programa que permitió reconstruir la ciudad con el apoyo de sus habitantes y una solidaridad internacional valorada en 115 millones de dólares.
Por primera vez en su historia, la Organización ha asumido directamente la reconstrucción de lugares emblemáticos del patrimonio: desde la Mezquita Al-Nuri hasta el Minarete Al-Hadba y el Convento Al-Saa’a, la famosa «Nuestra Señora de la Hora». Simultáneamente, se reconstruyeron casas históricas y se reabrieron cientos de escuelas.
Para revitalizar Mosul, también era necesario revitalizar la vida cultural e intelectual que había convertido a la ciudad en un crisol de civilizaciones milenarias.
Por ello, la UNESCO apoyó la revitalización de festivales literarios y musicales, proyecciones de cine al aire libre y formación técnica y profesional para jóvenes, beneficiando a más de 7.000 mosulenses que participaron directamente en estos proyectos.
Esta colosal iniciativa ilustra el poder de la cooperación internacional cuando se traduce en proyectos concretos al servicio de la sociedad. La experiencia adquirida —el llamado «método Mosul»— inspira ahora otras iniciativas: desde el Líbano, donde la UNESCO ha ayudado a rehabilitar más de 280 centros educativos, hasta Ucrania, donde protegemos el patrimonio y garantizamos la continuidad educativa a pesar de la guerra.
La reconstrucción de Mosul es una señal de esperanza. Demuestra que una ciudad, incluso arrasada, nunca está condenada a permanecer así: siempre es posible revivirla, concluyó.
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