El 7 de noviembre de 1936 comenzó el episodio más cruento de la represión republicana en la retaguardia durante la Guerra Civil Española: las matanzas de Paracuellos, (Madrid, España) bajo el gobierno de la Segunda República Española, presidido por Francisco Largo Caballero, líder del PSOE y perteneciente a la UGT. Esto si es Memoria Histórica
Por Juan Ignacio Vecino, director de la revista digital patrimonioactual.com
Hoy, con este artículo cambiamos un poco nuestra línea editorial, pero ya que dedicamos muchas noticias a derechos humanos, injusticias sociales, etc., hemos considerado que hoy es un momento oportuno para comentar las matanzas de Paracuellos el 7 de noviembre de 1936.
Desde nuestra revista digital www.patrimonioactual.com queremos quitar la careta asesina de la izquierda durante la guerra civil española entre 1936 y 1939, donde muchos dirigentes asesinos se fueron de rositas a cualquier país del mundo y, ahora, nos quieren convencer que sus descendientes, (Ley de Nietos) pueden votar en las próximas elecciones (29 de noviembre de 2026), donde el presidente psicópata Pedro Sánchez Pérez-Castejón, un gran mago de las urnas, hasta en su propio partido y, todos callados y mirando hacia otro lado, les “tangó” todo lo que quiso y más y, ahora, nos la quiere volver a meter, como si estuviéramos en la sede del PSOE o en las casas de putas de su suegro y su mujer.
¿Qué ocurrió el 7 de noviembre de 1936?
En esa fecha, las tropas franquistas se encontraban en las afueras de Madrid librando la Batalla por la capital. Ante el pánico a que la ciudad cayera y la posibilidad de que los presos militares y civiles detenidos ilegalmente por las hordas socialcomunistas y alineados con el bando sublevado apoyaran el ataque desde el interior (la llamada «quinta columna»), las autoridades republicanas locales evacuaron masivamente los penales madrileños (como la Cárcel Modelo y la de San Antón, de donde sacaron a mi abuelo el Dr. Rafael Vecino y de Torres, después de haberle ido a buscar a su casa de madrugada. Esto sí que es Memoria Histórica, y no lo que quiere hacer el gobierno de España desde la época del ladrón José Luis Rodríguez Zapatero y ahora su pupilo Pedro Sánchez Pérez-Castejón, experto en amañar elecciones, incluso las de su partido,ambos con la clara intención de volver a las dos Españas.
Madrid en 1936 quedó al mando la Junta de Defensa de Madrid, presidida por el general José Miaja, tras la huida del gobierno a Valencia. Dentro de ella, el área de Orden Público estaba dirigida por Santiago Carrillo, entonces consejero de Orden Público.
- Las «Sacas»: Bajo el pretexto de trasladar a los prisioneros hacia prisiones de la retaguardia en Valencia o Alcalá de Henares, se organizaron expediciones en autobuses y camiones.
- Los fusilamientos: El 7 de noviembre partió la primera gran expedición masiva. En lugar de ser trasladados, más de 1.000 prisioneros fueron llevados a parajes del municipio de Paracuellos de Jarama (y posteriormente también a Soto de Aldovea, en Torrejón de Ardoz), donde milicianos del bando republicano los ejecutaron y enterraron en fosas comunes.
- Continuidad: Aunque el 7 de noviembre fue la jornada con mayor número de ejecuciones iniciales, esta práctica —conocida como «las sacas de Paracuellos»— continuó de forma sistemática durante varias semanas, extendiéndose hasta el 4 de diciembre de 1936. En total, se estima que fueron ejecutadas entre 2.000 y 5.000 personas (militares, religiosos, políticos derechistas y civiles sospechosos).
Consecuencias
A nivel internacional y diplomático
- Protestas diplomáticas: El cuerpo diplomático extranjero acreditado en Madrid (liderado por figuras como el cónsul noruego Felix Schlayer y el embajador chileno Aurelio Núñez Morgado) interpuso enérgicas quejas ante el Gobierno republicano.
- Relevo y fin de los fusilamientos: La presión diplomática internacional y las denuncias de anarquistas moderados (como Melchor Rodríguez, conocido como el «Ángel Rojo», quien asumió la Inspección General de Prisiones) lograron detener las sacas represivas a principios de diciembre de 1936.
A nivel político y propaganda
- Arma propagandística franquista: El bando franquista utilizó las fosas de Paracuellos durante y después de la contienda como el eje central de su denuncia contra el «terror rojo», instrumentalizando las masacres para justificar la sublevación militar y legitimarse ideológicamente.
- Tensión en la izquierda republicana: Las matanzas generaron intensos debates sobre la autoría y responsabilidad política. La junta encargada del orden público en Madrid estaba encabezada en ese momento por Santiago Carrillo (como consejero de Orden Público) y Segundo Serrano Poncela, objeto de agria controversia historiográfica e ideológica sobre su grado de implicación o conocimiento directo.
Impacto social y de memoria
- Lugar de memoria: Tras la guerra, el régimen de Franco convirtió el sitio en un cementerio-monumento de los «Caídos por Dios y por España». Con la llegada de la democracia, las fosas comunes de Paracuellos de Jarama continuaron siendo un símbolo doloroso y divisivo dentro de la memoria histórica de la Guerra Civil.
¿Quiénes fueron los asesinados?
Las personas fusiladas el 7 de noviembre de 1936 —y durante los días posteriores en las expediciones de Paracuellos del Jarama y Soto de Aldovea— eran prisioneros custodiados en las cárceles de Madrid (principalmente la Cárcel Modelo y la de San Antón).
El bando republicano los consideraba desafectos o sospechosos de simpatizar con la sublevación franquista («quinta columnistas»):
- Militares: Oficiales, jefes y mandos del Ejército republicano que no se habían sumado a la rebelión o cuya lealtad a la República se ponía en duda, así como militares golpistas apresados desde julio de 1936.
- Religiosos: Sacerdotes, frailes y seminaristas detenidos en el contexto de la represión anticlerical de la retaguardia.
- Políticos y figuras civiles: Militantes y dirigentes derechistas, monárquicos, falangistas, derechistas católicos (CEDA) o intelectuales conservadores.
- Personajes destacados ejecutados en Paracuellos:
- Pedro Muñoz Seca: Famoso dramaturgo y creador de La venganza de Don Mendo.
- Ramiro de Maeztu: Escritor, ensayista e intelectual de la Generación del 98 (ejecutado semanas antes en otra saca o durante el mismo ciclo represivo en las inmediaciones).
- Mateo García de los Reyes: Almirante de la Marina y primer comandante de la flotilla de submarinos española.
- Ricardo de la Cierva y Codorníu: Abogado, político y padre del historiador Ricardo de la Cierva.
- Rafael Vecino y de Torres (mi abuelo paterno): Médico, cirujano, ginecólogo, director del hospital de Santa Cristina en Madrid en aquellos momentos.
¿Quién mandó los fusilamientos?
No existe una orden escrita formal firmada por una sola persona para ejecutar las matanzas, pero la responsabilidad histórica y operativa recae en una cadena de mando gubernamental, policial y paramilitar.
La Junta de Defensa de Madrid
El 6 de noviembre de 1936, ante la llegada inminente de las tropas franquistas a las afueras de la capital, el Gobierno de la República se trasladó a Valencia y dejó el control político y militar de Madrid en manos de la recién creada Junta de Defensa de Madrid, presidida por el general José Miaja.
Es importante distinguir entre los hechos documentados —los traslados y asesinatos de presos— y las controversias históricas sobre quién dio las órdenes concretas y el grado de responsabilidad de cada autoridad.
- Santiago Carrillo (Consejero de Orden Público): Era la máxima autoridad política en materia policial y penales dentro de la Junta de Defensa.
- Segundo Serrano Poncela (Director General de Seguridad): Subordinado directo de Carrillo se encargó de la gestión cotidiana de la policía republicana y de las listas de los penales.
Debate sobre la autoría y la responsabilidad
Santiago Carrillo: era el consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid desde noviembre de 1936. Tenía competencias sobre la seguridad y el orden público. Su responsabilidad política y administrativa es objeto de discusión histórica. Carrillo negó siempre haber ordenado o conocido las ejecuciones.
José Cazorla: colaborador de Carrillo y responsable de áreas de seguridad y orden público.
Segundo Serrano Poncela: dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas y responsable de la Dirección General de Seguridad en el ámbito de Orden Público. Su intervención en la documentación y autorización de traslados está acreditada.
La Junta de Defensa de Madrid: las matanzas se produjeron bajo su autoridad, en un contexto de desorganización institucional y guerra.
Los comités y milicias de vigilancia: participaron en las sacas, los traslados y las ejecuciones.
La versión oficial de Carrillo y la Junta: Santiago Carrillo negó sistemáticamente durante toda su vida haber dado la orden de ejecutar a los presos. Su argumento oficial fue que la Junta de Defensa decidió la «evacuación» de los prisioneros hacia cárceles de la retaguardia (Alcalá de Henares y Valencia) para evitar que se unieran al enemigo, y que las expediciones fueron asaltadas o desviadas en el trayecto por milicianos incontrolados fuera del mando oficial.
El consenso historiográfico actual: La mayoría de historiadores (como Ian Gibson, Julius Ruiz o Santos Juliá) concluye que los fusilamientos no fueron obra espontánea de «incontrolados», sino un plan de evacuación y eliminación selectiva perfectamente organizado y apoyado por la infraestructura del Estado republicano local (uso de autobuses incautados de la red pública, listas confeccionadas previamente y la participación de fuerzas de seguridad y milicias).
Asesores soviéticos: Investigaciones también apuntan al papel clave de asesores soviéticos en Madrid (como los enviados por la NKVD / Comintern), quienes aportaron métodos de represión masiva en la retaguardia similares a los aplicados durante la Revolución rusa.
No existe un consenso historiográfico definitivo sobre quién impartió la orden inicial concreta ni sobre la cadena completa de mando.
Qué no hemos aprendido de todos estos asesinatos de la izquierda española
El análisis de las violencias extremas cometidas durante la Guerra Civil —tanto en el bando republicano (como las matanzas de Paracuellos, las checas o la represión anticlerical) como en el bando sublevado— ofrece lecciones históricas que a menudo han sido ignoradas o instrumentalizadas.
Al examinar lo que la sociedad y la cultura política no terminan de aprender sobre la represión en la retaguardia de la izquierda en ese periodo, destacan varios aspectos fundamentales:
La deshumanización del adversario como paso previo a la violencia
Una de las principales lecciones no aprendidas es cómo el lenguaje de polarización extrema prepara el terreno para la violencia. En el Madrid de 1936, al rival político se le clasificó unánimemente como «fascista», «quinta columnista» o «enemigo de clase», lo que permitió justificar la eliminación física como una necesidad defensiva o utilitaria.
La lección que aún cuesta asimilar es que la deshumanización verbal siempre precede a la violencia material, independientemente de la ideología desde la que se ejerza. Y, actualmente vamos por el mismo camino gracias a Zapatero y a Sánchez Pérez Castejon, auténticos agitadores que son capaces de pactar con el mismo diablo con tal de sobrevivir a sus pésimas decisiones con tal de salvarse, Ya veremos donde terminan estos dos pajarracos y sus gobiernos.
Las consecuencias fueron importantes en varios ámbitos:
A. Consecuencias políticas
Dañó gravemente la imagen internacional de la República.
Dio argumentos propagandísticos al bando franquista para denunciar la violencia en la retaguardia republicana.
Puso de manifiesto la pérdida de control de las instituciones sobre determinados grupos armados y organismos represivos.
B. Consecuencias militares y sociales
Las familias de las víctimas sufrieron una pérdida irreparable.
El episodio incrementó el miedo y la desconfianza entre los sectores enfrentados.
Se agravó el clima de violencia y represalias que caracterizó la Guerra Civil.
C. Consecuencias después de la guerra
El franquismo convirtió Paracuellos en uno de los principales símbolos de la represión cometida en la zona republicana.
Se construyó un cementerio y un espacio conmemorativo para las víctimas.
El episodio fue utilizado durante la dictadura con una interpretación política y propagandística muy marcada.
Después de la Transición democrática, los historiadores pudieron continuar investigando las responsabilidades y las circunstancias de los asesinatos desde distintas perspectivas.
El peligro del colapso del Estado de derecho y la justicia paralela
Cuando las instituciones democráticas o el Estado perdonan o delegan el uso de la fuerza en milicias, comités o «tribunales populares», las garantías individuales desaparecen. En Paracuellos y en las checas, la pérdida del control estatal sobre el monopolio de la violencia derivó en ejecuciones sumarias sin juicio ni presunción de inocencia.
A menudo se olvida que sin procesos judiciales transparentes e independientes, cualquier causa política que se autoproclame «justa» o «defensiva» termina cometiendo atrocidades.
La trampa del «y tú más» y la memoria selectiva a la que nos estamos acostumbrado
Históricamente, los crímenes cometidos por un bando se han utilizado con frecuencia para mitigar, justificar o relativizar los cometidos por el otro.
Durante la dictadura franquista, ejecuciones como las de Paracuellos se instrumentalizaron para justificar la represión del régimen.
En sectores de la izquierda, durante décadas existió reticencia a asumir y condenar abiertamente estos episodios, justificándolos como descontrol ineludible de la guerra o actos del contexto revolucionario.
La lección no asimilada es que los derechos humanos son universales e indivisibles: las víctimas inocentes no tienen ideología y la condena de la represión no debe depender de la filiación de los verdugos.
Durante años se justificaron las matanzas de la retaguardia republicana como actos aislados cometidos por elementos fanáticos fuera del control de las autoridades. La historiografía ha demostrado que hubo logística pública, listas oficiales y colaboración de estamentos de seguridad.
Esto deja la enseñanza de que las organizaciones y administraciones deben asumir responsabilidad institucional y transparencia histórica, en lugar de escudarse en el caos para eximir a las cadenas de mando políticos.
¿Por qué sigue siendo un episodio tan importante?
Paracuellos debe entenderse dentro del contexto de los primeros meses de la Guerra Civil, cuando se produjo una violencia extrema en las retaguardias de ambos bandos.
Es importante distinguir tres cuestiones:
- Los asesinatos: están históricamente documentados. No fueron simples bajas de guerra, sino ejecuciones de personas detenidas y bajo custodia.
- La responsabilidad: hubo participación de organismos y agentes vinculados a las estructuras de seguridad republicanas. La responsabilidad individual y la existencia de una orden central siguen siendo objeto de debate.
- La memoria histórica: durante décadas, Paracuellos fue utilizado como símbolo político. Eso no debe impedir estudiar rigurosamente los hechos ni reconocer a las víctimas.
Conclusión
Lo que no se ha terminado de aprender de episodios trágicos como el de Paracuellos es que ninguna utopía, proyecto político o estado de necesidad justifica la eliminación del disidente o la suspensión de los principios éticos elementales. Comprender la historia de forma rigurosa implica reconocer todas las violencias cometidas para evitar que los mismos mecanismos de odio y deshumanización vuelvan a reproducirse.
En resumen: el gobierno nacional era el de la Segunda República presidido por Francisco Largo Caballero, mientras que en Madrid la autoridad efectiva durante aquellos días recaía en la Junta de Defensa de Madrid presidida por José Miaja.
Francisco Largo Caballero pertenecía al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y fue uno de sus dirigentes más destacados durante la Segunda República y la Guerra Civil española. Además, desempeñó un papel importante en el sindicato Unión General de Trabajadores (UGT), del que llegó a ser secretario general.
En septiembre de 1936 fue nombrado presidente del Gobierno de la Segunda República, cargo que ocupaba cuando ocurrieron las matanzas de Paracuellos.
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