Inscrito en 2023 en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que Requiere Medidas Urgentes de Salvaguardia de la UNESCO, el Poncho Para’í de 60 Listas sirve, con motivo del Día Internacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, como un poderoso recordatorio de la importancia de salvaguardar la artesanía tradicional en peligro de extinción y apoyar a las comunidades que la sustentan
El poncho tiene sus raíces en las técnicas precoloniales de los pueblos indígenas de Paraguay, quienes elaboraban sus propios ponchos con materiales naturales, tejidos a mano mediante procesos únicos.
El Poncho surgió durante la Guerra de la Triple Alianza en la década de 1870, cuando Piribebuy fue uno de los primeros escenarios de combates urbanos.
En este contexto, los ponchos demostraron su utilidad: usados como abrigos o envueltos alrededor del cuerpo, proporcionaban calor y camuflaje a los combatientes.
Después de la guerra, el poncho continuó acompañando a los habitantes, tanto en la vida cotidiana como durante las ceremonias, y en 1901, la Exposición de la Industria Artesanal Paraguaya premió los primeros ponchos producidos dentro de la industria nacional, lo que marcó el reconocimiento oficial de esta artesanía local.
El hilo como herencia y desafío
Reconocidas como patrimonio inmaterial por la UNESCO en 2023 , estas técnicas ancestrales y tradicionales para la confección del poncho fueron inscritas en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que Requiere Medidas Urgentes de Salvaguardia.
En efecto, la obtención de materias primas sigue siendo un gran desafío. En 2024, el hilo procedente de Perú obligó a los artesanos a reducir la producción, lo que hizo que cada pieza fuera aún más rara y valiosa; a medida que este tipo de hilo escasea cada vez más, preservar las cualidades técnicas y estéticas del poncho —su torsión, resistencia y brillo— sigue requiriendo un esfuerzo excepcional.
Fidelina Burgos, en 2024, dijo: “Por ahora, hemos hecho una pausa por falta de materiales. Estamos esperando el hilo, que viene de Perú. Y lamentablemente, si no lo recibimos, tendremos que dejar de trabajar”. “Con la ayuda de Dios, esperamos encontrar una solución y brindar apoyo financiero a todas las mujeres para que puedan aprender y continuar la tradición, para que nunca se pierda. ¿Por qué? Porque este tipo de poncho solo existe aquí, en la ciudad de Piribebuy, en Paraguay, en América, y ¿por qué no en todo el mundo?”
Hoy, para asegurar que este conocimiento se conserve y se transmita de generación en generación, maestras artesanas como Rosa Segovia —reconocida como Tesoro Nacional Viviente por su experiencia y dedicación— continúan con su transmisión.
En 2019, abrió en su propia casa la Escuela para la Salvaguardia del Poncho, donde capacita a mujeres en la elaboración de las tres partes del poncho: el cuerpo, los flecos y la fajita (borde), cada una de las cuales requiere técnicas únicas.
Rosa Segovia, comentó: “Es mi deber seguir enseñando a otros, porque no quiero llevarme mi conocimiento a la tumba”.
Hacia un futuro sostenible
El reconocimiento del Poncho Paraí por parte de la UNESCO ha desbloqueado fondos para su preservación. En 2025, este apoyo permitió a los artesanos adquirir hilo de algodón mercerizado de alta calidad procedente de Perú, en el marco del Plan de Salvaguardia de Emergencia, implementado conjuntamente por la Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay y el Instituto Paraguayo de Artesanías. Actualmente, también se están realizando pruebas en Paraguay para desarrollar un hilo de producción local que cumpla con los estándares de los maestros tejedores y garantice la sostenibilidad a largo plazo de esta artesanía.
Como demuestra este ejemplo, la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que Requiere Medidas Urgentes de Salvaguardia de la UNESCO es mucho más que una advertencia: es una poderosa herramienta para la preservación. Al identificar tradiciones, habilidades y expresiones culturales en riesgo de desaparecer, lanza un llamamiento global a la acción.
Los elementos inscritos en esta Lista se benefician de asistencia técnica y financiación de emergencia, mientras que la visibilidad internacional refuerza la movilización para asegurar su transmisión y vitalidad dentro de las comunidades.
Técnicas ancestrales y tradicionales para la elaboración del «Poncho Para’i», de la ciudad de Piribebuy, República del Paraguay
El Poncho Paraíso de Piribebuy es una prenda artesanal paraguaya compuesta por tres partes: el cuerpo, los flecos y la fajita o guarda.
Cada parte requiere diferentes técnicas de elaboración, realizadas en colaboración por tejedoras.
Para crear el poncho, las artesanas tejen tres tipos de hilos de algodón, correspondientes a las tres partes de la prenda.
Cada tejedora elabora una parte del poncho y se especializa en uno de los procesos.
Si bien cada tejedora tiene su propio estilo y diseño, desarrollan habilidades de trabajo en equipo para ahorrar tiempo y recursos, con el objetivo final de mantener la calidad del producto.
Los materiales utilizados en la elaboración del poncho, como el hilo, las paletas y las sillas de madera, también se elaboran a mano.
Históricamente, las técnicas ancestrales, utilizadas originalmente por los pueblos originarios, se han transmitido oralmente de madres a hijas, a través de la observación y la práctica.
Hoy en día, la Escuela de Salvaguardia también ayuda a las tejedoras a transmitir sus conocimientos a las futuras generaciones.
El Poncho Paraí es un símbolo de unidad e identidad en la ciudad de Piribebuy y es reconocido a nivel nacional por su diseño y originalidad.
Acerca de la UNESCO
Con 194 Estados Miembros, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura contribuye a la paz y la seguridad liderando la cooperación multilateral en materia de educación, ciencia, cultura, comunicación e información. La UNESCO supervisa más de 2000 sitios del Patrimonio Mundial, Reservas de la Biosfera y Geoparques Mundiales; varios centenares de Ciudades Creativas, Educativas, Inclusivas y Sostenibles; y más de 13 000 escuelas asociadas, cátedras universitarias e instituciones de formación e investigación, con una red global de 200 Comisiones Nacionales. Con sede en París, la organización tiene oficinas en 54 países y emplea a más de 2.300 personas. Su Directora General es Audrey Azoulay.
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