Serán los próximos días 19 y 20 de febrero de 2026, a las 19:30 horas, en el Teatro Monumental de Madrid, actuando en la primera parte como director invitado, Pablo González y Javier Comesaña, violinista
El Programa B12, se compone de la composición de Wolfgang Amadeus Mozart, y se ofrecerá el CONCIERTO PARA VIOLÍN Y ORQUESTA Nº 1 EN SI BEMOL MAYOR Op 22 K 207.
La obra se estructura en los tres movimientos clásicos, siguiendo el modelo italiano que Mozart tanto admiraba:
- Mov. I Allegro Moderato. El movimiento es extraordinario, con un carácter alegre y, donde el violinista solista despliega toda su sabiduría, siendo un dialogo entre orquesta y solista de gran belleza.
- Mov. II Adagio. Llegados a este punto, encontramos un contraste lírico expresivo. El violín deja todo su sonido que el auditorio podrá disfrutar.
- Mov. III Presto. Este final está lleno de energía y virtuosismo con gran agilidad y un cierre fresco.
En este programa, la visión de Pablo González busca resaltar el contraste entre la frescura juvenil de Mozart y la sofisticación de su estructura. La dirección atenta de las cuerdas y el cuidado en las dinámicas aseguran que el solista brille en un entorno sonoro de máxima elegancia.
Esta es una obra fascinante porque representa el inicio del «año del violín» de Mozart (1775). A pesar de su juventud (tenía 19 años), el Concierto No. 1 en Si bemol mayor ya muestra esa elegancia ingeniosa y la claridad estructural que definen su estilo.
Escrito en Salzburgo hacia 1773 o 1775 (la fecha exacta sigue siendo objeto de debate entre musicólogos), este concierto es la primera incursión de Mozart en el género para violín solista. Aunque a menudo queda a la sombra de sus «hermanos mayores» (los famosos No. 3 y No. 5), el K. 207 es una joya de frescura juvenil y virtuosismo equilibrado.
Con un estilo juvenil y elegante, abundan los pasajes rápidos y ornamentados. Aquí Mozart ya muestra su talento melódico y su gran dominio del violín. Es el inicio de los cinco conciertos del compositor para violín. Cuenta con gran importancia para comprender su trayectoria.
La obra se estructura en los tres movimientos clásicos, siguiendo el modelo italiano que Mozart tanto admiraba:
Allegro moderato: El violín entra con una energía luminosa. A diferencia de sus obras más tardías, aquí el virtuosismo es directo y brillante, con escalas y arpegios que exigen una agilidad impecable sin perder la «gracia» mozartiana. Podemos comprobar que es un despliegue de energía y agilidad técnica.
Adagio: Es el corazón emocional de la obra. Es una sección lírica donde el violín parece cantar una de las famosas arias de ópera del compositor. La orquestación es transparente, dejando que el solista despliegue una línea melódica noble y serena. Además, cuenta con una sección de gran lirismo como decíamos anteriormente, donde el violín imita la voz humana.
Presto: Un final lleno de ingenio y rapidez. Es un movimiento breve pero intenso, que requiere una gran precisión rítmica y que cierra la obra con un espíritu festivo. Un cierre vibrante y rítmico que exige una precisión absoluta.
Se cree que Mozart escribió este concierto para sí mismo o para Antonio Brunetti, el violinista de la corte de Salzburgo. Brunetti, al parecer, encontraba el final original demasiado difícil, lo que llevó a Mozart a escribir un movimiento alternativo (el Rondó en Si bemol mayor, K. 269).
Pablo González, Director
Reconocido como uno de los directores más versátiles y apasionados de su generación, Pablo González es un músico que transmite gran inspiración tanto a orquestas como a públicos de todo el mundo, “atento a cada uno de los silencios e inicios de la orquesta sinfónica al completo, tejiendo y poniendo orden en esta revolución tonal” (OperaWorld).
Ha sido Director Titular de la Orquesta y Coro de Radio y Televisión Española (2019-2023) y de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (2010-2015), Director Principal Invitado de la Orquesta Ciudad de Granada y Director Asistente de la London Symphony Orchestra.
Entre sus recientes y próximos compromisos destacan actuaciones con la Royal Philharmonic Orchestra, Sinfónica de Birmingham, The Hallé, Filarmónica de Helsinki, Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, Konzerthausorchester Berlin, Orquesta de la Radio de Frankfurt, Filarmónica de Dresde, Gürzenich-Orchester Köln, Deutsche Radio Philharmonie Saarbrücken Kaiserslautern, Filarmónica de Estrasburgo, Orchestre National d’Ille de France, Sinfónica de Stavanger, Residentie Orkest, Filarmónica de Lieja, Orchestra della Svizzera Italiana, Orquesta Sinfónica Nacional de México, Filarmónica de Buenos Aires etc.
En España mantiene una estrecha relación con las orquestas sinfónicas españolas, actuando habitualmente junto a ellas en diferentes festivales internacionales.
Como director de ópera, destaca la dirección de Don Giovanni y L’elisir d’amore en dos exitosos Glyndebourne Tours, Carmen (Quincena Musical de San Sebastián), Una voce in off, La voix humaine, Die Zauberflöte, Daphne y Rienzi en el Gran Teatre delLiceu (Barcelona), Tosca y Madama Butterfly (Ópera de Oviedo).
Ha colaborado con solistas como Maxim Vengerov, Nikolai Lugansky, Javier Perianes, Khatia Buniatishvili, Beatrice Rana, Renaud Capuçon, Gautier Capuçon, Sol Gabetta, Anne-Sophie Mutter, Isabelle Faust, Frank Peter Zimmermann, Arcadi Volodos, Viktoria Mullova, Johannes Moser, Truls Mork y Viviane Hagner.
Entre sus grabaciones discográficas, destaca el monográfico de Enrique Granados entres volúmenes, así como un CD con las suites de Carmen y L’Arlesienne, de Bizet, con la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya para el sello Naxos. Pablo González goza de una colaboración continua con la Deutsche Radio Philharmonie Saarbrücken Kaiserslautern (DRP) con quienes grabará próximamente un CD con música de Emanuel Moor; su grabación de Schumann con Lena Neudauer ha sido
galardonada con el prestigioso “International Classical Music Award”.
Nacido en Oviedo, Pablo González estudió en Guildhall School of Music & Drama (Londres). Actualmente reside en la ciudad de Oviedo.
Wolfgang Amadeus Mozart
Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart[a] (Salzburgo, 27 de enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791), más conocido como Wolfgang Amadeus Mozart, fue un compositor, pianista, director de orquesta y profesor de origen austriaco, del antiguo Arzobispado de Salzburgo (anteriormente parte del Sacro Imperio Romano Germánico, actualmente parte de Austria). Maestro del clasicismo, es considerado como uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia.
La obra mozartiana abarca todos los géneros musicales de su época e incluye más de seiscientas creaciones, en su mayoría reconocidas como obras maestras de la música sinfónica, concertante, de cámara, para fortepiano, operística y coral, logrando una popularidad y difusión internacional.
En su niñez más temprana en Salzburgo, Mozart mostró una capacidad prodigiosa en el dominio de instrumentos de teclado y del violín. Con tan solo cinco años ya componía obras musicales y sus interpretaciones eran del aprecio de la aristocracia y realeza europea. A los diecisiete años fue contratado como músico en la corte de Salzburgo, pero su inquietud le llevó a viajar en busca de una mejor posición, siempre componiendo de forma prolífica. Durante su visita a Viena en 1781, tras ser despedido de su puesto en la corte, decidió instalarse en esta ciudad, donde alcanzó la fama que mantuvo el resto de su vida, a pesar de pasar por situaciones financieras difíciles. En sus años finales, compuso muchas de sus sinfonías, conciertos y óperas más conocidas, así como su Réquiem. Las circunstancias de su temprana muerte han sido objeto de numerosas especulaciones y elevadas a la categoría de mito.
Su influencia en toda la música occidental posterior es profunda; Ludwig van Beethoven escribió sus primeras composiciones a la sombra de Mozart, de quien Joseph Haydn escribió que «la posteridad no verá tal talento otra vez en cien años».
Segunda parte del programa
Sinfonía n.º 11 en sol menor, Op. 103 “El Año 1905”
Compuesta en 1957 y estrenada en Moscú el 30 de octubre de ese mismo año, la Sinfonía n.º 11 ocupa un lugar singular dentro del catálogo sinfónico de Shostakóvich. Aunque su título remite explícitamente a los sucesos del Domingo Sangriento (9 de enero de 1905), la obra se sitúa en un cruce de temporalidades: evoca un episodio fundacional de la memoria revolucionaria rusa, pero fue escrita en un momento de intensa revisión histórica tras el XX Congreso del Partido Comunista (1956) y en plena conmoción por la represión soviética de la revolución húngara. Esta superposición de capas históricas ha llevado a la crítica a interpretar la sinfonía como un ejemplo paradigmático de la “doble codificación” shostakoviana.
La obra se articula en cuatro movimientos tocados sin interrupción, y su lenguaje se apoya de manera sistemática en canciones revolucionarias rusas de los siglos XIX y XX. Este procedimiento, lejos de ser un simple recurso ilustrativo, funciona como un mecanismo de memoria cultural: las melodías citadas —entre ellas “Escuchen”, “La prisión”, “Valiente camarada, marcha adelante” o “La rabia, la tiranía”— eran ampliamente reconocibles para el público soviético, lo que confería a la sinfonía un significado político inmediato.
I. “El Palacio de Invierno” – Adagio
El movimiento inicial establece un clima estático y casi litúrgico. La orquestación, dominada por cuerdas en registro grave y llamadas lejanas de metales, construye un espacio sonoro que sugiere la inmovilidad helada de la Plaza del Palacio. La forma se organiza como una sucesión de bloques meditativos, donde las canciones citadas aparecen en un estado embrionario. La función de este movimiento es eminentemente atmosférica: prepara el terreno para la irrupción violenta del segundo movimiento y sitúa al oyente en un tiempo suspendido, cargado de presagio.
II. “El 9 de enero” – Allegro
Este movimiento constituye el núcleo dramático de la sinfonía. Su estructura se basa en una dialéctica entre motivos de marcha, fanfarrias militares y episodios de violencia orquestal extrema. La percusión —particularmente los redobles de caja y los golpes de timbal— desempeña un papel narrativo fundamental, evocando los disparos que desencadenaron la masacre. Shostakóvich combina procedimientos sinfónicos tradicionales (desarrollo temático, acumulación de tensión) con técnicas de escritura casi cinematográficas, generando una representación sonora de la multitud, el pánico y la represión.
III. “Eterno recuerdo” – Adagio
El tercer movimiento adopta la forma de una elegía. Las melodías revolucionarias reaparecen transformadas, ahora en un contexto de lamento colectivo. La escritura de cuerdas, amplia y sostenida, recuerda a los grandes adagios sinfónicos del siglo XIX, pero filtrados por la estética austera de Shostakóvich. La función de este movimiento es conmemorativa: no solo honra a las víctimas de 1905, sino que plantea una reflexión sobre la continuidad histórica de la violencia política en Rusia.
IV. “La alarma” – Allegro
El movimiento final retoma el impulso narrativo, alternando episodios de agitación con secciones de carácter exhortativo. Las canciones revolucionarias se integran en un discurso sinfónico más complejo, donde la retórica de la lucha se combina con una ambigüedad expresiva característica del compositor. El final, grandioso, pero no inequívocamente triunfal, ha sido objeto de múltiples interpretaciones: para algunos, representa la inevitabilidad del levantamiento popular; para otros, una advertencia sobre la repetición cíclica de la represión estatal.
Conclusión
La Sinfonía n.º 11 es una obra profundamente política, pero su significado excede la mera ilustración histórica. A través de la recontextualización de melodías revolucionarias y de una escritura orquestal de gran poder evocador, Shostakóvich construye un discurso sobre la memoria, la violencia y la relación entre arte y poder. Su aparente claridad narrativa convive con una compleja red de alusiones históricas y simbólicas que la sitúan entre las sinfonías más enigmáticas y debatidas del compositor.
Sobre Javier Comesaña, Violín
El violinista sevillano Javier Comesaña es una de las figuras emergentes más brillantes de la cuerda en España. Su interpretación del Concierto No. 1 de Mozart se caracteriza por:
Reconocimiento: Ha sido galardonado en prestigiosos certámenes, destacando su triunfo en el Concurso Internacional de Violín Jascha Heifetz y el Concurso de Violín de Prinz von Hessen.
Estilo: Es alabado por su «madurez técnica y una sensibilidad expresiva que conecta profundamente con el repertorio clásico y romántico».
Colaboración: Su presencia como solista junto a la Orquesta Sinfónica RTVE, bajo la dirección de Pablo González, garantiza una lectura equilibrada que resalta tanto el virtuosismo técnico como la elegancia melódica de la obra mozartiana.
Definido por el Hannoversche Allgemeine Zeitung como «un músico inteligente y abierto, capaz de encontrar nuevas maneras de hacer música», Javier Comesaña es el ganador de la 6º edición del Jascha Heifetz International Competition de Vilnius, y del Prinz von Hessen-Preis otorgado por la Kronberg Academy en junio de 2021. Además, ostenta el título de Laureado del Concurso Internacional de Violín Joseph Joachim. En diciembre de 2024, ha sido galardonado con la Medalla de Honor de la Fundación Yehudi Menuhin España, en reconocimiento a su trayectoria.
Sus profesores principales han sido Yuri Managadze y Sergey Teslya. Posteriormente, se ha formado con Marco Rizzi, en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, y Antje Weithaas, en la Hochschule für Musik Hanns Eisler de Berlín. Además, ha asistido a clases magistrales lideradas por Mihaela Martin, Miriam Fried, Silvia Marcovici y Christoph Poppen, entre otros. En 2019 y 2021, recibe la distinción de Alumno más Sobresaliente de su cátedra de manos de SS.MM. la Reina Doña Sofía.
Como músico de cámara, se ha formado con los profesores Heime Müller y Marta Gulyás, y actualmente perfecciona sus conocimientos en la clase de Günter Pichler, del Instituto de Música de Cámara de Madrid. Ha sido invitado a participar en numerosos festivales, salas e instituciones de prestigio, como el Auditorio Nacional de Música de Madrid, la Beethoven-Haus de Bonn, la Laeiszhalle de Hamburgo, el Sommerliche Musiktage Hitzacker, la Unione Musicale de Turín, la Istituzione Universitaria dei Concerti di Roma, la Associazione Scarlatti de Nápoles, el festival Lucca Classica, la Temporada de Música de la Fundación BBVA, Festival de Música Española de Cádiz, Noches en los Jardines del Real Alcázar o el Otoño Musical Soriano. En 2021, recibe el diploma como integrante del Grupo con Piano más Sobresaliente de manos de SS.MM. la Reina Doña Sofía, por su interpretación del Quinteto con piano en La Mayor D. 667 ‘La Trucha’ de Schubert. Dado su interés por la música de cámara, actualmente también es el violinista del Trio Michelangeli, con el que ofrece conciertos con regularidad en Italia y Alemania
Como solista, ha actuado bajo la dirección de maestros como Pablo González, Vasily Petrenko, David Afkham, Andrew Manze, Alejandro Posada o Álvaro Albiach, y junto a distintas orquestas del panorama español, como la JONDE, la OCNE, la OSRTVE, la Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña, la Sinfónica de Galicia, la Sinfónica de Castilla y León, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla; e internacional, como la NDR Radiophilarmonie de Hannover, la Ópera Estatal de Hannover, la Filarmónica de Poznan, la Orquesta Nacional de Lituania, la Sinfónica de Milán, la Orchestra da Camera di Mantova, la Camerata Bern, la Deutsche Kammerakademie Neuss o la Stuttgarter Kammerorchester.
Actualmente, Javier toca un violín construido por Claude Pierray, datado alrededor de 1720.
Dmitri Shostakovich
Nacido en San Petersburgo en 1906 – falleció en Moscú en 1975), Compositor. Su fecunda producción abarca todos los géneros: la ópera, la comedia musical, la sinfonía a la miniatura para piano, la música concertante, la cantata, el cuarteto de cuerda y la música para el cine. Gran autor, escribió cerca de 150 números de opus, correspondientes muchos de ellos a obras que hoy se cuentan entre las páginas más interpretadas y grabadas del repertorio, y por tal motivo la Orquesta Sinfónica de RTVE, tiene programada la Sinfonía Nº 11 en Sol menor, Op.103 “El Año 1905” de Dmitri Shostakovich.
Consiguió muchos premios, y otros que no les concedieron por desavenencias políticas, pero se los merecía, lo que desembocó en que sus composiciones adquirieran un tono amargo. Procedente de una familia con gran bagaje cultural, su madre fue su primera maestra, ya que era pianista profesional. El año 1919 ingresó en el Conservatorio de Leningrado, en donde tuvo como principal maestro a Aleksandr Glazunov.
Para mantener a su familia tocaba en diversas salas de cine como pianista acompañante.
El estreno en 1926 de su sorprendente Sinfonía núm. 1, escrita en ocasión de su graduación en el conservatorio, atrajo inmediatamente sobre él la atención del mundo musical. Las obras inmediatamente posteriores, como la ópera La nariz o el ballet La edad de oro, fue un joven compositor especialmente dotado para la sátira.
La carrera ascendente de Shostakovich sufrió un inesperado revés con el estreno en 1934 de su segunda ópera, Lady Macbeth de Mtsensk: entusiásticamente recibida por el público, tanto en Leningrado como en su posterior escenificación en Moscú, fue retirada de cartel tras la aparición de una crítica en el diario oficial Pravda, titulada Caos en lugar de música, en la que se acusaba al compositor de haber escrito un «concierto de aullidos», ajeno a los presupuestos de la música socialista, que debía ser clara y fácilmente asequible.
En Occidente era considerado el compositor oficial soviético, en su propio país Shostakovich hubo de sufrir las injerencias de sus autoridades culturales, pero consiguió mantener siempre su independencia creativa.
Jueves 19 y viernes 20 de febrero de 2026, a las 19:30 h., en el Teatro Monumental de Madrid.






