
La integración entre capacidades operativas e industria tecnológica en el ámbito aéreo se debatió en el CESEDEN por parte de tres mujeres de las Fuerzas Armadas de España
Por Juan Ignacio Vecino, director/editor de la revista digital www.patrimonioactual.com. Miembro del Consejo Internacional de la Danza de la UNESCO (CID-UNESCO).
Las mujeres en todos los órdenes y, sobre todo en las Fuerzas Armadas tienen mayor capacidad de reflexión que los hombres. Sí o sí, y nos pongamos como nos pongamos su idoneidad y capacidad ha ganado en inteligencia estratégica, siendo mucho más rica y diversa, dando un salto cualitativo en la eficacia de las misiones que desempeñan dentro de sus respectivos destinos.
El éxito será total cuando el hecho de que una mujer ostente el mando de un Ala de Combate, o cualquier otra Unidad, como, por ejemplo, el 43 Grupo del Ejército del Aire, el Air Operations Center, o la FAMET del Ejército de Tierra, deje de ser noticia para ser simplemente el resultado lógico de una carrera de excelencia.
La visión femenina en la aviación militar española aporta un enfoque de precisión analítica que minimiza la deriva en la técnica de la indagación y del descubrimiento en la toma de decisiones críticas. La plena integración en las capacidades aéreas permite a las Fuerzas Armadas explotar la totalidad del espectro intelectual disponible, asegurando que la superioridad aérea no dependa solo de la plataforma tecnológica, sino de la diversidad de pensamiento en la ejecución estratégica.
Las capitanes del Ejército del Aire, Pilar Martín de San Pablo Esperanza (43 Grupo del Ejército del Aire, extinción de incendios); Pilar Caballero Capilla, Air Operations Center (AOC) del Mando Aéreo de Combate, en la Sección de Planes Negociado de Espacio Aéreo; y la Sargento Primero del Ejército de Tierra, Laura García Guerrero, Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET), fueron las encargadas de debatir e ilustrar a los asistentes sobre “Capacidades aéreas de las Fuerzas Armadas”
Presentó el acto el Teniente General del Ejército del Aire, Pablo Guillén García, Director de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas (ESFAS), siendo moderado el coloquio por Cristina de Santiago Alváres, Socia directora de act legal Spain.
Históricamente, el cielo fue un dominio diseñado por y para hombres. Desde los controles de un caza hasta los manuales de ingeniería, la iconografía del poder aéreo estuvo ligada a una masculinidad rígida. Sin embargo, al observar hoy las pistas de despegue y los centros de mando, queda claro que la capacidad aérea de nuestras Fuerzas Armadas no solo ha ganado en tecnología, sino en una inteligencia estratégica mucho más rica y diversa.
Cuando mujeres profesionales —pilotos, ingenieras, analistas de defensa, controladoras aéreas, especialistas en mantenimiento o planificación operativa— analizan las capacidades aéreas, suelen incorporar dimensiones que históricamente han sido menos visibles, como son la gestión del riesgo con un enfoque más integral, una eficacia operativa basada en datos y procesos, además de innovación y adaptación con grandes capacidades estratégicas. No quiero decir que los hombres no consideren estos aspectos que acabo de mencionar, sino que la diversidad de experiencias y trayectorias profesionales introduce matices que enriquecen la evolución.
La integración de las mujeres en las capacidades aéreas de las Fuerzas Armadas ha dejado de ser una novedad para convertirse en un pilar estratégico. Desde la cabina de un caza, de un apagafuegos, un centro de control o un helicóptero, la visión femenina aporta una perspectiva de precisión, liderazgo adaptativo, y resiliencia, es decir, la capacidad humana para asumir con flexibilidad situaciones límite, sobreponerse a ellas e incluso salir fortalecido.
La visión de las mujeres profesionales en las Fuerzas Armadas es, en última instancia, una visión de modernización. Su presencia ha impulsado cambios en la coordinación del equipo, en las políticas de conciliación (que benefician a todos) y en una cultura de mérito puro.
Cada vez más mujeres operan plataformas de alta tecnología, gestionando el estrés extremo y, además, cuentan con una fuerte orientación hacia el cumplimiento de las distintas misiones que se les encomiendan, y con la mínima exposición al riesgo extremo, aunque nadie en su profesión está exento del mismo.
Así mismo, no se trata solo de volar, se trata de gestionar en todos los ámbitos, en los que se combina la pericia técnica y la sensibilidad humana, analizando los datos en tiempo real, siendo minuciosa la visión femenina para la protección de activos aéreos. El mayor avance no es solo ocupar el asiento del piloto, sino ser muy eficaces en su trabajo diario en todos los ámbitos de la aviación.
La experiencia femenina en la Fuerzas Armadas nos ofrece, si hablamos de liderazgo operativo y toma de decisiones, una comunicación clara y horizontal, la toma de decisiones basadas en evidencia, sobre todo en misiones complejas, a la vez que nos ofrecen gran gestión emocional y excelente cohesión de equipo, crucial en el trabajo del día a día.
Por otra parte, hay un tema elemental cuando mencionan la seguridad operacional ya que ellas, suelen primar la cultura de seguridad no correctiva, con unos protocolos más estrictos, y la evaluación de riesgos centrada en la prevención y no solo en la reacción.
Del mismo modo, la innovación tecnológica hace que las mujeres de las Fuerzas Armadas analicen más concienzudamente, aportando una visión orientada a la integración, optimización y un análisis predictivo que aporta valor añadido al mundo de la defensa y la protección, ya que realizan una excelente planificación.
También, cuando mencionan la perspectiva estratégica en estudios de defensa, la visión femenina suele subrayar la importancia de la proyección de estabilidad, no solo la fuerza, y como dijo Nelson Mandela: “el día que las mujeres gobiernen y manden en el mundo se acabaran las guerras, y no le faltaba razón. Y como no, el poder del papel aéreo en misiones humanitarias y de apoyo civil, es muy bien conocida por las tres intervinientes.
Y volviendo al título del coloquio, “Capacidades aéreas de las Fuerzas Armadas”, la evidencia comparada en fuerzas aéreas de distintos países muestra que la inclusión de las mujeres mejora la toma de decisiones en entornos de alta presión, aumenta la resiliencia organizacional, reduce los incidentes operativos cuando se trata de equipos diversos, favorece la innovación en tácticas y procedimientos, como ocurre en cualquier ámbito humano, y nos aportan nuevas perspectivas en misiones vuelo, inteligencia, vigilancia y reconocimiento, como mencionaron las ponentes, cada una en su a área de acción.
Pero, claro, todo esto conlleva unos retos que ellas mismas identifican al señalar desafíos que afectan directamente a capacidades aéreas, ya que existe una brecha de acceso a especialidades altamente técnicas, así como la falta de referentes, aún en puestos de mando. Además, por lo transmitido los sesgos culturales todavía persisten en algunas unidades, no lo han dicho ellas, lo digo yo.
Por último, y no menos importante, se deben actualizar las políticas de conciliación adaptadas a ritmos operativos, ya que como decía Pilar Martín, que recientemente fue madre, se encuentran en desigualdad con respecto a los hombres ya que ellos no tienen los mismos compromisos. Cuando se superen estos retos mejorará la eficacia en las Fuerzas Armadas.
Por todo ello, se debe tender hacia un modelo de Fuerza Aérea más complejo, ya que la visión de mujeres profesionales apunta a un modelo de capacidades aéreas que combine, eficiencia y adaptabilidad a escenarios complejos.
Para finalizar me gustaría resaltar la — Máxima común entre aviadoras militares: «El avión no sabe si quien lo vuela es un hombre o una mujer; solo entiende de manos firmes y decisiones correctas.»





