A medida que las sociedades enfrentan el racismo persistente y un resurgimiento de la desigualdad de género, el aprendizaje a lo largo de toda la vida emerge como una herramienta vital para la justicia y el empoderamiento
La Sra. Epsy Campbell Barr, exvicepresidenta de Costa Rica y nueva integrante del Consejo Directivo del Instituto de la UNESCO para el Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida (UIL), analiza el papel fundamental que tiene el aprendizaje a lo largo de toda la vida a la hora de combatir el racismo y la discriminación sistémicos. Además, explora cómo la educación informal y no formal pueden contrarrestar los estereotipos de género y promover la equidad.
Pregunta. Las ideologías racistas y la discriminación siguen impregnando nuestras sociedades en todo el mundo. ¿Cómo puede el aprendizaje a lo largo de la vida contribuir a desmantelar el racismo sistémico?
Respuesta. El aprendizaje a lo largo de toda la vida es una herramienta esencial para desmantelar el racismo sistémico, ya que no solo permite a las personas adquirir conocimientos, sino también desaprender las narrativas impuestas que han sustentado la discriminación racial a lo largo de la historia. El aprendizaje a lo largo de toda la vida es un proceso de reeducación profundo que debe abordar tanto la deconstrucción de estereotipos como la reconstrucción de sociedades más equitativas y justas.
Históricamente, el racismo se ha mantenido gracias a una jerarquía arbitraria que ha favorecido a algunas personas en detrimento de los grupos negros, indígenas, asiáticos y otros grupos racializados a los que se ha tratado como inferiores y se les ha despojado de su humanidad. Durante siglos, estos grupos han sido explotados y excluidos sistemáticamente, mientras quienes han promovido las estructuras de dominación siguen ocupando posiciones privilegiadas dentro de una pirámide de superioridad étnica y racial.
Por ello, lo primero que debemos hacer es desmantelar un sistema educativo que ha valorado a ciertos seres humanos por encima de otros. Romper con esta lógica no solo implica reconocer esta injusticia histórica, sino también transformar los mecanismos existentes en la educación, el mercado laboral, los medios de comunicación y las estructuras de poder que la perpetúan.
P. ¿Cómo se puede lograr?
R. El aprendizaje a lo largo de toda la vida debe actuar en tres niveles clave:
- Desaprender y reconstruir a través de la educación formal:
Es fundamental reformar los sistemas educativos para que reflejen la verdadera diversidad de nuestras sociedades. Esto implica eliminar los planes de estudio que han perpetuado una visión eurocéntrica de la historia y sustituirlos por enfoques que reconozcan las contribuciones hechas por poblaciones afrodescendientes, indígenas y otros grupos racializados a la construcción del conocimiento y al desarrollo humano. También es esencial formar a los docentes en pedagogías antirracistas para garantizar que la educación no reproduzca prejuicios y discriminación desde la primera infancia. - El papel de los medios de comunicación y las plataformas digitales:
Los medios de comunicación y las redes sociales desempeñan un papel crucial en la reproducción o cuestionamiento de los estereotipos raciales. Por ello, debemos promover narrativas que valoren la diversidad y fomenten una representación digna y equitativa de todas las identidades raciales y étnicas. La alfabetización mediática y digital debe formar parte del proceso de aprendizaje continuo para permitir a las personas identificar y cuestionar contenidos racistas y promover un consumo crítico de la información. - Formación en el lugar de trabajo y en entornos de toma de decisiones:
Muchas de las personas que actualmente ocupan puestos de liderazgo en instituciones públicas y privadas no han recibido formación sobre racismo o discriminación, por lo que siguen existiendo lagunas a la hora de formular políticas inclusivas. Por lo tanto, es esencial ampliar el aprendizaje continuo a estos espacios para garantizar que las decisiones estratégicas se tomen desde una perspectiva antirracista. Esto incluye programas de sensibilización, políticas de inclusión y mecanismos que garanticen el acceso equitativo al empleo y a las oportunidades educativas para las poblaciones históricamente excluidas.
Por último, la lucha contra el racismo no puede ser un esfuerzo individual, sino una transformación colectiva. Debemos construir nuevos modelos de humanidad basados en la dignidad, el respeto y la equidad racial a lo largo de toda la vida y de generación en generación. El aprendizaje continuo, en sus diversas formas, es la clave para erradicar el racismo sistémico y avanzar hacia sociedades verdaderamente justas.
P. Las discusiones sobre la discriminación y la desigualdad también deben tener en cuenta la creciente reacción en contra de la igualdad de género en muchos países. ¿De qué manera pueden el aprendizaje informal y no formal contribuir a desafiar los estereotipos de género y promover sociedades más inclusivas?
R. Las discusiones sobre la discriminación y la desigualdad deben reconocer tanto los avances como los retrocesos en materia de igualdad de género. No cabe duda de que, cuando los derechos de las mujeres y de las personas con identidades de género diversas comienzan a consolidarse, los sectores más conservadores de la sociedad se reorganizan para frenar estos avances mediante políticas que buscan restringir derechos y reforzar los estereotipos de género. En este sentido, el aprendizaje informal y no formal son herramientas fundamentales para cuestionar estas narrativas y fomentar sociedades más inclusivas.
Uno de los elementos clave es construir alianzas estratégicas entre los diversos sectores comprometidos con la igualdad de género, como los movimientos sociales, las comunidades educativas, los medios de comunicación, las empresas y las organizaciones de la sociedad civil. Estas alianzas fortalecen la educación en entornos ajenos al contexto formal y garantizan que el mensaje de equidad llegue a diversos públicos, incluidos aquellos que no han tenido acceso a formación académica sobre cuestiones de género y derechos humanos.
Las nuevas generaciones ya abrazan de manera natural la igualdad entre mujeres y hombres y reconocen las diversas identidades de género. Sin embargo, persisten estructuras y discursos que perpetúan los estereotipos; por ello, el aprendizaje no formal – a través del arte, la cultura, el activismo digital y las experiencias comunitarias – es esencial para cambiar mentalidades. Espacios como círculos de lectura feministas, talleres de sensibilización comunitaria, campañas en redes sociales y narrativas audiovisuales inclusivas pueden acelerar el proceso de transformación cultural.
Asimismo, no debemos centrarnos únicamente en los retrocesos provocados por determinados líderes políticos o grupos de poder. También debemos reconocer los avances legislativos, normativos e institucionales logrados hasta la fecha, que han sentado las bases para seguir avanzando en materia de igualdad de género. Estos avances deben ser defendidos y reforzados mediante intervenciones educativas continuas que aumenten la conciencia sobre su importancia y fomenten una ciudadanía activa que se oponga a cualquier intento de revertir derechos.
El aprendizaje a lo largo de toda la vida, en todas sus formas, es una herramienta muy poderosa para desafiar las estructuras de desigualdad. No se trata solo de legislar, sino de transformar mentalidades y generar una masa crítica capaz de impulsar cambios sostenibles. La educación informal y no formal tienen el poder de democratizar el conocimiento y empoderar a más personas para que se conviertan en agentes de cambio dentro de sus comunidades.
P. ¿Dónde considera que se encuentran las principales brechas en las políticas que se refieren a la igualdad de género en los marcos de aprendizaje a lo largo de toda la vida?
R. Las principales brechas se manifiestan en la falta de una implementación transversal y sostenida del principio de igualdad de género en los distintos niveles educativos, en los espacios de formación profesional y en los contenidos que se difunden a través de los medios de comunicación y las redes sociales.
En primer lugar, debemos integrar la igualdad de género en los sistemas educativos formales desde la primera infancia y promover planes de estudio que permitan a los niños y niñas comprender que sus identidades no están limitadas por estereotipos de género y que el respeto a la diversidad es un principio fundamental. Sin embargo, la educación no debe limitarse a la infancia y la adolescencia; debe incluir también la formación docente y universitaria, para garantizar que los profesionales de todas las disciplinas – desde las ciencias sociales hasta la tecnología y la ingeniería – comprendan e incorporen diversas perspectivas de género en sus campos de conocimiento y práctica.
Otra brecha crítica se encuentra en el ámbito de la educación no formal e informal. Los medios de comunicación, las plataformas digitales y las redes sociales influyen profundamente en la manera en que concebimos el género, la identidad y la equidad. Sin embargo, seguimos careciendo de normativas y estrategias que garanticen que los contenidos difundidos promuevan la igualdad y no reproduzcan narrativas sexistas y discriminatorias. Para cerrar esta brecha, es necesario desarrollar programas de alfabetización mediática y de comunicación sensible al género, tanto para creadores de contenido como para el público en general.
Además, en el ámbito laboral, muchas personas que ocupan puestos de liderazgo en instituciones públicas y privadas no han recibido formación en igualdad de género, lo que perpetúa las estructuras discriminatorias en nuestros mercados laborales. Por ello, es fundamental que las empresas y los organismos gubernamentales establezcan procesos de formación continua para sus empleados, con el fin de garantizar que las políticas de equidad se reflejen en la dinámica laboral, el acceso a las oportunidades, la erradicación de las diferencias salariales y de las barreras que dificultan el avance profesional de las mujeres y de las personas racializadas con identidades sexuales y de género diversas.
Por último, aún queda por superar un desafío fundamental: la resistencia cultural e institucional que perpetúa la desigualdad. Muchos de los modelos educativos, políticos y económicos actuales fueron diseñados dentro de estructuras patriarcales que no toman en cuenta la diversidad de identidades y experiencias de género. La transformación de estas estructuras requiere un esfuerzo colectivo, intergeneracional y sostenido en el tiempo, siendo el aprendizaje a lo largo de toda la vida una herramienta clave para construir sociedades más justas e inclusivas.
P. Como miembro del Consejo Directivo del UIL, ¿qué desea lograr?
R. Mi visión es consolidar un impacto transformador en las sociedades mediante la educación continua, garantizando que el aprendizaje sea una herramienta eficaz para la equidad y la justicia social.
En primer lugar, me gustaría impulsar una acción sostenida que influya directamente en los responsables de la toma de decisiones para garantizar que las políticas públicas reflejen un compromiso genuino con la diversidad humana, la igualdad de género, la justicia racial y la inclusión social. Al mismo tiempo, debemos influir en los sectores que moldean la opinión pública, como los medios de comunicación y las plataformas digitales, para que promuevan narrativas que desafíen los estereotipos y fomenten sociedades más equitativas.
En segundo lugar, quiero ampliar el alcance del Instituto para que sus ideas e iniciativas lleguen a más comunidades, especialmente a aquellas que históricamente han sido excluidas de la educación y del aprendizaje a lo largo de la vida. Esto implica desarrollar estrategias para acercar conocimientos y herramientas de aprendizaje a las poblaciones afrodescendientes, a las poblaciones indígenas, a las mujeres y a la juventud vulnerable, fortaleciendo su acceso a oportunidades de desarrollo.
Por último, una de mis prioridades fundamentales es la construcción de alianzas estratégicas más sólidas a nivel regional y mundial. La lucha por la igualdad no puede llevarse a cabo de forma aislada; requiere esfuerzos conjuntos de gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, empresas, instituciones educativas y activistas comprometidos con la transformación social. Solo a través de una red eficaz de colaboración podremos establecer el aprendizaje a lo largo de toda la vida como un verdadero motor sostenible de cambio en nuestras sociedades.
Como mujer afrodescendiente costarricense y defensora de los derechos humanos, sé que el aprendizaje a lo largo de toda la vida tiene el poder de desmantelar las estructuras racistas que persisten en nuestras sociedades. Es vital que los procesos educativos, desde la primera infancia hasta la educación superior y la formación profesional, desempeñen un papel clave en la lucha contra el racismo y por la igualdad de género, y que apoyen el reconocimiento de las múltiples identidades que conforman nuestras sociedades.Síguenos en Facebook y Twitter






