De la mano de Zaragoza Turismo, Zaragoza pone el foco en dos de sus grandes hitos: su reconocimiento como Ciudad Creativa de la UNESCO de la Gastronomía y su estratégico posicionamiento como Capital Mundial de la Garnacha, eje de su estrategia de turismo enogastronómico.
Zaragoza llega a Madrid Fusión 2026 (IFEMA), 26–28 de enero) con una presencia destacada y un completo programa de actividades. La ciudad estará presente en el stand de Saborea España (Pabellón 14 · OE.036) y en el espacio de Aragón, comunidad autónoma invitada en esta edición del congreso (Pabellón 14 · 0C016).
Esta participación se concibe como una puesta en escena del proyecto gastronómico de la ciudad, basado en el producto local, el talento culinario y una cocina abierta a la innovación y al diálogo con el vino. En este contexto, uno de los momentos institucionales del programa será la presentación de Zaragoza como Ciudad Creativa de la Gastronomía, a cargo de Sara Fernández, consejera de Cultura, Educación y Turismo del Ayuntamiento de Zaragoza, quien abordará los retos y oportunidades que abre este reconocimiento para el modelo de ciudad.
Los restaurantes de Zaragoza, protagonistas
El talento culinario local vertebra la programación. Durante los tres días de feria, el stand de Zaragoza se convertirá en un espacio dinámico donde distintos restaurantes mostrarán la diversidad y personalidad de la escena gastronómica zaragozana. Sophia Gastrobar, con Javier Pellejero, participará con varias acciones que incluyen la degustación de su reconocida croqueta y un taller centrado en la borraja. Dalai Valdespartera, de la mano de Ángel Marco y Virginia Roche, presentará un crujiente de lechona acompañado de cerveza Ámbar Export, mientras que Envero Gastrowine, con Yolanda Amores y Eva María Costas, ofrecerá un milhojas de Ternasco de Aragón IGP. La Doris completará este recorrido con una tapa de esturión contracorriente.
La presencia zaragozana se amplía a otros espacios del congreso con la participación de El Burgolés, que formará parte del menú gastronómico conjunto de destinos Saborea España; La Clandestina y Pastelerías Manuel Segura, presentes en los pases gastronómicos de la Sala VIP; y La Vía Verde, que participará en la cena de gala celebrada en la Real Casa de Correos.
Garnacha, vino y territorio
El vino ocupa un lugar central en el programa, con catas dedicadas a las garnachas blancas y tintas de la D.O. Campo de Borja y a distintas expresiones de la Garnacha de la D.O. Cariñena, reforzando el relato de Zaragoza como Capital Mundial de la Garnacha. En este marco, la cata celebrada en The Wine Edition de Madrid Fusión estará dedicada íntegramente a garnachas de Zaragoza, como expresión directa de este proyecto estratégico y del papel del vino como seña de identidad del territorio. A ello se suma una cata maridada organizada junto a Aragón Alimentos, con vinos de las tres denominaciones de origen de la provincia y la participación del chef Tonino Valiente, de Tatau Bistro.
La programación se completa con degustaciones de productos emblemáticos como la Trenza de Almudévar y las Frutas de Aragón, así como con acciones vinculadas a la cultura cervecera local, con especial protagonismo del 125 aniversario de Cervezas Ámbar.
2026, un año estratégico para Zaragoza
La presencia de Zaragoza en Madrid Fusión se enmarca en un año especialmente estratégico para la ciudad, impulsado por Zaragoza Turismo, y marcado por grandes hitos como la conmemoración del aniversario de la declaración del arte mudéjar como Patrimonio Mundial, la celebración del Foro Internacional de Turismo y Patrimonio Mundial o la Convención de Turespaña.
A ello se suma el despliegue, a lo largo de 2026, del proyecto Zaragoza Ciudad Creativa de la Gastronomía, con acciones como el Festival Internacional de la Garnacha y la Gastronomía Sostenible, iniciativas de cooperación con otras ciudades de la red UNESCO, la creación de rutas gastronómicas creativas y programas de formación, inclusión e innovación que conectan gastronomía, patrimonio y otras disciplinas creativas. Un calendario que consolida a Zaragoza como una ciudad creativa, vibrante y contemporánea, donde gastronomía, patrimonio y cultura avanzan de la mano.
Arquitectura mudéjar de Aragón declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1986 y ampliación en 2016
El desarrollo del arte mudéjar en Aragón durante el siglo XII fue consecuencia de las particulares condiciones políticas, sociales y culturales imperantes en España tras la Reconquista. Este arte, influenciado por la tradición islámica, refleja también diversos estilos europeos contemporáneos, en particular el gótico. Presente hasta principios del siglo XVII, se caracteriza por un uso sumamente refinado e ingenioso del ladrillo y la teja vidriada en la arquitectura, especialmente en los campanarios.

Valor Universal Excepcional
El desarrollo del arte mudéjar en Aragón durante el siglo XII fue consecuencia de las particulares condiciones políticas, sociales y culturales imperantes en España tras la Reconquista. Geográficamente, el arte mudéjar aragonés se encuentra principalmente a lo largo del valle del Ebro y sus afluentes meridionales en el noreste de la Península Ibérica.
Desde un punto de vista histórico, este género artístico pertenece a un largo periodo que abarca desde el siglo XII hasta el siglo XVII. El arte mudéjar es un fenómeno artístico que no pertenece exclusivamente a las culturas de Europa Occidental ni al islam. Más bien, constituye un auténtico testimonio de la coexistencia pacífica en la España medieval del cristianismo y el islam, con las aportaciones de la cultura judía, cuyo fruto fue una nueva forma de expresión artística. Este arte, influenciado por la tradición islámica, también refleja diversos estilos europeos contemporáneos, en particular el gótico.
El inmueble comprende diez monumentos religiosos y profanos situados en las provincias de Teruel y Zaragoza.
Incluyen: la torre, cubierta y cimborio de la Catedral de Santa María de Mediavilla de Teruel; la torre e iglesia de San Pedro de Teruel; la torre de la iglesia de San Martín de Teruel; la torre de la iglesia de Salvador de Teruel; el ábside, claustro y torre de la colegiata de Santa María de Calatayud; la iglesia parroquial de Santa Tecla de Cervera de la Cañada; la iglesia de Santa María de Tobed; los elementos mudéjares que se conservan en la Aljafería de Zaragoza; la torre e iglesia parroquial de San Pablo de Zaragoza; y el ábside, parroquieta y cimborio de la Seo de Zaragoza.
La arquitectura mudéjar de Aragón constituye, por las soluciones formales adoptadas y las técnicas y materiales de construcción empleados, un legado específico y extraordinario, así como un vivo reflejo de un momento histórico en el que tres culturas con raíces muy diferentes florecieron juntas en suelo aragonés. Motivos decorativos de una gran variedad de tradiciones se pueden apreciar en los diez monumentos que conforman este conjunto, entre ellos: grecorromano, bizantino, sasánida, selyúcida, bereber y visigodo, entre otros.
Así, podemos identificar en estos monumentos aragoneses las molduras romboidales (sebqa), las estrellas, los frisos de ladrillo en ángulo y entrelazados, las flechas, los arcos lobulados y acanalados, así como elementos constructivos característicos del arte islámico, como los alfices, los aleros decorados (rafes) y las celosías.
Otras estructuras empleadas incluyen minaretes de estilo almohade para los campanarios, cubiertas de vigas de collar y techos tallados de estilo moamar para cubrir diversos espacios. Los materiales empleados, muy variados en Aragón, eran típicos del arte islámico. Entre ellos se encontraban el ladrillo, la cerámica, el yeso y la madera; materiales generalmente poco duraderos. Estos materiales se emplearon para seguir la filosofía islámica de que todo es transitorio e impermanente, salvo Alá, el único ser que existe eternamente.
Las diez partes inscritas son las más representativas y reflejan mejor este particular fenómeno histórico y cultural, simbolizando la coexistencia cultural pacífica y el intercambio de conocimientos y experiencias. Sin duda, los monumentos que conforman este legado histórico son testigos mudos de un momento clave en la historia de España, en el que sus habitantes, a pesar de sus diferentes creencias, pudieron convivir en paz.
Criterio (iv): La arquitectura mudéjar de Aragón es un ejemplo eminentemente representativo de un tipo de construcción con una tecnología única, desarrollada a lo largo de varios siglos (s. XII al XVII) gracias a la coexistencia de culturas y a la combinación de formas y métodos constructivos empleados por cristianos, musulmanes y judíos, mediante el intercambio de conocimientos y experiencias. Expresa la evolución de las técnicas constructivas mudéjares, tanto en términos estructurales como formales, y simboliza la integración de diversas formas artísticas (arquitectura, cerámica, xilografía y pintura) como un proceso estético de aproximación a la belleza.
Integridad
La arquitectura mudéjar se desarrolló en un período concreto que abarca desde la decisión que permitió a los mudéjares permanecer en el Reino de Aragón en el siglo XII hasta su expulsión definitiva a principios del siglo XVII. Las formas arquitectónicas y el carácter unitario de la tradición mudéjar como realidad histórica y cultural emplean una amplia gama de técnicas: pintura, yesería, ornamentación en plata y oro, ebanistería y cerámica se conservan en los elementos inscritos.
Los factores históricos y sociales del siglo XVII propiciaron el declive de la tradición mudéjar y su sustitución por otros movimientos artísticos como el Renacimiento y el Barroco. Muchos aspectos de esta forma artística, genuinamente aragonesa, sobrevivieron desde el siglo XVIII hasta la actualidad, dando lugar a un nuevo estilo artístico denominado neomudéjar.
Los nueve edificios religiosos siguen en uso hoy en día, por lo que se han mantenido y restaurado en un excelente estado de conservación. En el caso del Palacio de la Aljafería de Zaragoza, el uso de una parte del edificio para otras funciones afectó a amplias secciones de la estructura.
Afortunadamente, la sección mudéjar fue la menos afectada. Gracias a las cuidadosas obras de restauración realizadas a finales del siglo pasado, los elementos mudéjares se han conservado intactos. En general, la arquitectura mudéjar es particularmente vulnerable a diversas causas de deterioro, como los factores climáticos y humanos. El uso continuo de nueve monumentos por parte de la Iglesia y la utilización del Palacio de la Aljafería como Sala del Consejo por parte de las Cortes de Aragón garantizan su conservación continua y su protección integral frente a amenazas. Sin embargo, este uso continuado también puede generar problemas relacionados con cambios y alteraciones incontrolados. Por lo tanto, las disposiciones en los planes de gestión y conservación son cruciales para garantizar una conservación adecuada.
Además, es necesario considerar los componentes en relación con el entorno edificado circundante. La aplicación de las medidas regulatorias incluidas en las respectivas leyes culturales y herramientas de planificación urbana será esencial para garantizar que la relación entre los monumentos y su entorno histórico se mantenga en el futuro.
Autenticidad
El arte mudéjar es el único estilo exclusivo de España debido a su particular trayectoria histórica. Las formas particulares adoptadas y las excepcionales técnicas y materiales de construcción empleados evidencian las características específicas de la arquitectura mudéjar aragonesa.
La decoración de estos monumentos constituye una documentación adicional del arte mudéjar aragonés, ya que la gran mayoría de las cubiertas mudéjares aragonesas conservadas están adornadas con pinturas. Esta decoración presenta los motivos heráldicos y geométricos habituales, así como plantas, animales y escenas narrativas de la vida cotidiana durante la Baja Edad Media.
Este es el caso de la cubierta de la catedral de Santa María de Teruel, donde se pueden ver escenas relacionadas con los oficios tradicionales de la carpintería, escenas religiosas, representaciones de los diversos estratos sociales (el rey, la nobleza, las órdenes militares, combates contra los musulmanes, etc.) y otros motivos que ilustran el bestiario medieval.
En el caso del Palacio de la Aljafería, La Seo de Zaragoza y las torres de las iglesias de Teruel, se han conservado documentos escritos que registran el proceso constructivo y permiten comprender detalles relevantes, como los comitentes, los maestros participantes, las fechas de las obras, los costes, etc.
Estos documentos también contienen una gran cantidad de términos del árabe que se conservan en castellano y constituyen otro testimonio de su autenticidad en un contexto histórico multicultural. En las iglesias de Cervera de la Cañada y Tobed, la información se registró en los propios monumentos. En estos casos, los maestros a cargo de su construcción dejaron constancia de su trabajo mediante dos inscripciones, una tallada y otra pintada, ambas en los muros interiores de estos templos.
La arquitectura mudéjar se reconoce hoy como una forma de arte por derecho propio. Está representada por una serie de monumentos históricos que se han conservado en gran medida; sus materiales se han preservado mediante el uso de técnicas apropiadas en todas las obras de restauración, respetando los principios establecidos internacionalmente y manteniendo el uso y las funciones de los edificios tal como fueron concebidos.
Además, su ubicación en entornos históricos y áreas urbanas se mantiene inalterada. Las zonas urbanas donde se ubican los monumentos religiosos conservan las características de los centros religiosos y políticos dentro de sus áreas metropolitanas, mientras que el Palacio de la Aljafería presenta un entorno coherente con el entorno aislado en el que se construyó originalmente.
Estas condiciones deberán mantenerse mediante la protección adecuada de los entornos en las diez partes que lo componen.
Acerca de la UNESCO
Con 194 Estados Miembros, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura contribuye a la paz y la seguridad liderando la cooperación multilateral en materia de educación, ciencia, cultura, comunicación e información. Con sede en París, la UNESCO tiene oficinas en 54 países y emplea a más de 2300 personas. La UNESCO supervisa más de 2000 sitios del Patrimonio Mundial, Reservas de Biosfera y Geoparques Mundiales, redes de Ciudades Creativas, Educativas, Inclusivas y Sostenibles y más de 13 000 escuelas asociadas, cátedras universitarias e instituciones de formación e investigación con una red mundial de 200 Comisiones Nacionales. Su Director General es Khaled El-Enany.
«Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz» – Constitución de la UNESCO, 1945.






